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Detrás del ausentismo, una señal que los líderes no deberían ignorar

  • Foto del escritor: Karina Ruilova
    Karina Ruilova
  • 4 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

Hace poco leí el artículo “¿La cultura de su lugar de trabajo está provocando altos niveles de absentismo laboral por enfermedad?”, publicado Culture Shift. El texto parte de un dato preocupante: el absentismo laboral por enfermedad ha aumentado un 41 % en los últimos tres años. Pero más allá de las cifras, lo que realmente me hizo pensar fue la relación entre la cultura laboral y el bienestar de las personas.


Porque no siempre faltamos al trabajo por estar “enfermos”. A veces nos ausentamos porque el entorno nos desgasta emocionalmente, porque sentimos que el esfuerzo nunca alcanza o que cuidar de uno mismo no es bien visto.

Les comparto algunas reflexiones que me dejó este artículo:


  • El malestar empieza mucho antes de la ausencia. Los equipos no se “rompen” de un día para otro. El desgaste emocional se acumula en los silencios, en la falta de reconocimiento o en el miedo a equivocarse. Detectar esos primeros signos —un aumento en los errores, la desconexión emocional o el descenso en la participación— puede ser una forma temprana de cuidar la salud mental y prevenir ausencias futuras.

  • El bienestar no se logra con beneficios aislados, sino con coherencia. No es sostenible tener un programa de salud mental si el liderazgo promueve el agotamiento como sinónimo de compromiso. Una cultura saludable se construye cuando los valores se reflejan en las decisiones diarias: cómo se distribuyen las cargas, cómo se da feedback y cómo se manejan los errores.

  • El liderazgo empático es una competencia estratégica. Cuando las personas sienten que pueden hablar de lo que les preocupa sin miedo a consecuencias, no solo disminuyen las bajas médicas, también aumenta la confianza y la colaboración. Escuchar con atención, validar emociones y mostrar apertura son habilidades que fortalecen tanto la salud del equipo como los resultados del negocio.

  • La sostenibilidad laboral también se mide en salud. Una empresa que cuida a su gente no solo reduce el ausentismo, también retiene talento, mejora la reputación interna y genera compromiso genuino. La pregunta no debería ser cuánto cuesta invertir en bienestar, sino cuánto cuesta no hacerlo.


A veces hablamos de productividad, rotación o desempeño sin mirar lo que hay debajo: personas agotadas intentando rendir en culturas que no les permiten respirar. Una cultura saludable no elimina los retos, pero sí permite enfrentarlos sin romperse.


👉 ¿Qué crees que necesitaría cambiar en la cultura de tu empresa para que trabajar también signifique cuidar(se)?

 
 
 

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