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Romper el silencio: salud mental y masculinidades en el trabajo

  • Foto del escritor: Karina Ruilova
    Karina Ruilova
  • 19 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

La semana pasada conversábamos sobre las masculinidades y cómo los estereotipos siguen marcando la forma en que muchos hombres viven, sienten y se relacionan en los espacios laborales. Hoy queremos ir un paso más allá y hablar de algo que suele quedarse en silencio: la salud mental.


Detrás de esa imagen del hombre fuerte, siempre disponible y productivo, muchas veces se esconde un cansancio que no se nombra. En algunos entornos laborales, admitir vulnerabilidad sigue siendo visto como debilidad, cuando en realidad es una muestra de humanidad. A partir del artículo “Men’s mental health in the workplace: Breaking the silence” de Ables Futures, quiero compartir algunos aprendizajes que nos invitan a repensar cómo estamos abordando la salud mental masculina en nuestras organizaciones:


  • Lo que aprendemos en la infancia no se queda ahí. Desde pequeños, muchos escucharon frases como “los niños no lloran”, “no corras como niña” o “sé fuerte”. Esos mandatos no desaparecen: solo se transforman. Cuando esos niños crecen y llegan al mundo laboral, suelen cargar con la idea de que mostrar cansancio o pedir ayuda es sinónimo de debilidad. Y así, el silencio emocional se normaliza en los equipos.

  • El silencio también tiene consecuencias. Según una encuesta de Priory, el 40 % de los hombres nunca ha hablado con nadie sobre su salud mental, y en un 32 % de los casos, los problemas están relacionados con el trabajo. Cuando no se atienden, pueden derivar en agotamiento, depresión o incluso en situaciones más graves. Romper ese silencio no es una opción: es una urgencia.

  • La fortaleza mal entendida tiene un costo. En el ámbito laboral, muchos hombres sienten que deben mantener una apariencia de control permanente, incluso cuando atraviesan momentos difíciles. Esa exigencia de “aguantar todo” no solo desgasta; también limita la posibilidad de construir entornos donde la vulnerabilidad sea vista como parte de la humanidad, no como una amenaza a la autoridad.


Romper el silencio no es sencillo. Implica revisar creencias arraigadas, cuestionar cómo entendemos la fortaleza y aprender a pedir ayuda sin miedo a perder legitimidad. Hablar de salud mental masculina no busca señalar, sino reconocer que el bienestar también se construye desde la vulnerabilidad.


👉 ¿Qué pequeñas acciones crees que podrían ayudarnos a abrir esta conversación en tu entorno laboral?

 

 
 
 

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